Hermandad de Nuestro Padre Jesús Nazareno de Zalamea la Real


Dos jóvenes me visitaron en mi taller, parece que los estoy viendo entrar, caras inocentes, miraban a todos lados, me siento con ellos en mi pequeño despacho y sus caras reflejaban ilusión, para romper el hielo solo me salió, ¡bueno qué, contarme! Solo reían entre ellos, caras de felicidad, pero fue comenzar a hablar y las palabras fluían, poco necesité preguntar para entender rápidamente lo que querían. Ilusión, como niños inocentes, pero las cosas muy claras, desde un principio tenían claro lo que querían, y lo que no querían, no querían un paso, querían un paso para Él.

La ilusión de sus costaleros a golpe de gubia y corazón

NTRO PADRE JESUS NAZARENO DE ZALAMEA LA REAL

NTRO PADRE JESÚS NAZARENO DE ZALAMEA LA REAL

Sus ideas me fascinaron, pues ellos me hablaban de lo que querían y mi mente fluía y fluía… Lo lógico de cualquier chaval joven es que me hablaran de Sevilla y me pidieran un paso basado en tal, pero no fue el caso, solo me hablaban de su titular, de su imponente talla, del cariño por quien lo había hecho, la humildad de su imaginero, ahí me sentí reflejado, me hablaban de su Herman­dad, de su historia, la cual se cuenta por siglos y va de la mano de lo que es Zalamea, un pueblo con historia, religioso y con tradición cofrade, me hablaban de la cofradía en la calle, de la seriedad hasta en los hábitos de nazareno, de un encuentro entre Madre e Hijo el Jueves Santo, me hablaban de su Semana Santa, del silencio de la Madrugá, del respeto de la mujer ante una tradición tan importante como es la Vía Sacra… No parábamos de hablar y a mí me fascinaba ver la forma con la que hablaban estos dos chavales sobre su pueblo.
Quedé con ellos en hacerles un boceto y presentarlo, en mi cabeza rondaba sencillez, elegancia, líneas rectas, seriedad, caoba y plata, tradición, aprovechar lo que ya había, no olvidar los senti­mientos; pero a la vez sin olvidar el movimiento, sin olvidar que la música era presente cada Jueves Santo, sin olvidar la zancá que este Nazareno tiene, el bamboleo de su túnica.
La presentación ya no sería a ellos dos, sino a la cuadrilla, pero es que el resto de componentes eran exactamente iguales, el mismo feeling, sus caras reflejaban la misma ilusión, ahí me di cuenta que esto era posible, ya no era presentar un boceto y un presupuesto, sino unirme a ellos en un proyecto que acababa de comenzar.
Empezar un proyecto tan ambicioso no es fácil, más cuando viene de un colectivo tan humilde, pero esta cuadrilla era y es rica en ilusión, el mie­do el de siempre, cuánto costará, cómo se podrá financiar, seremos capaces…

Para mí una oportunidad así no se da todos los días, que un grupo tan humilde confíe en mi para un proyecto tan ambicioso sin apenas conocerme, para mí este proyecto no es un proyecto más, es la oportunidad de seguir creciendo y poniendo obras mías en la calle, darme a conocer, oportunidades como estas son las que me permiten vivir de lo que mejor se hacer, tallar.

Además, he de decir que esta familia de costaleros, dentro de unas pautas, me ha dado la facilidad de crear, rienda suelta a la imaginación, nunca un pero, siempre palabras de halago, muy agradecido estoy.

En este trabajo tengo puesto todo mi cariño, el que me da mi gente y el que recibo de la gente de Za­lamea, costaleros y no costaleros, se refleja la ilu­sión popular, es bonito ver a un pueblo unido por la ilusión de esta Cuadrilla de Costaleros.

Pronto saldrá de mi taller para viajar a Zalamea, tan nervioso como ellos estoy yo, pero sé que gus­tará, estoy muy seguro, en él está puesto todo mi cariño y toda mi pasión, todo mi esfuerzo, todas las horas del mundo, pero todo es poco por ofrecerle al Señor del Jueves Santo zalameño el regalo de sus Costaleros.






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